«Un político pobre es un pobre político»: Carlos Hank
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La célebre frase de Carlos Hank González cobra vigencia en Guasave, donde un reducido grupo de los autollamados "morenistas" de cepa salió a rasgarse las vestiduras para afirmar que el próximo candidato a la alcaldía deberá ser uno de los militantes que acompañaron desde el inicio el proyecto político de Andrés Manuel López Obrador.
La realidad es que esos supuestos personajes, que en reuniones de diez personas ni siquiera son capaces de pagar la cuenta del café, difícilmente cuentan con los recursos necesarios para sostener una campaña electoral competitiva. No se trata de menospreciarlos, sino de reconocer una realidad: las campañas cuestan dinero y requieren estructura, operación y capacidad de movilización.
Tampoco pueden asegurar que únicamente con la marca de Morena obtendrán una victoria sencilla, incluso sin hacer campaña. Ya no son los tiempos de 2018, cuando el efecto López Obrador llevó a miles de perfiles prácticamente desconocidos a ocupar alcaldías, diputaciones locales, federales e incluso escaños en el Senado.
Todavía en 2021 Morena podía darse el lujo de realizar campañas de bajo perfil, virtuales o desde casa. Sin embargo, el escenario político actual es distinto.

Hoy, el desgaste natural del partido obliga a buscar perfiles rentables electoralmente, con capacidad financiera para sostener una campaña y, además, con la posibilidad de atraer votos de simpatizantes provenientes de otras fuerzas políticas.
No vale la pena mencionar nombres de quienes se asumen como fundadores de Morena para no exhibir el nivel de deterioro político en el que se encuentran. Sin embargo, aunque se resistan a aceptarlo, la continuidad del proyecto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum no dependerá únicamente de profundizar la transformación del país, sino también de corregir los errores y excesos cometidos por gobiernos morenistas que llegaron de manera improvisada al poder desde 2018.
Muchos de esos gobiernos evidenciaron carencias en materia de gestión pública y, en algunos casos, una preocupante voracidad por disponer de los recursos públicos.
En conclusión, si no son capaces de llenar ni un Volkswagen Sedán, no pagan ni los cafés y todavía creen que el efecto AMLO seguirá resolviéndoles las elecciones, están pecando de ingenuidad.






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