"Son mis hijos": El desgarrador testimonio de la madre de 'los cuates', detenidos por el ataque en la secundaria

Maribel Alvarado, madre soltera y trabajadora nocturna, enfrenta el impacto de la detención de sus hijos de 18 años señalados por la agresión en el ejido La Unión; entre amenazas, temor y la incertidumbre judicial, asegura que no los abandonará.

El dolor y la incredulidad se apoderaron del entorno familiar tras la detención de los hermanos gemelos Carlos N. y David N., ambos de 18 años, quienes son señalados como los probables responsables del ataque armado en la Secundaria General Número 13. La agresión cobró la vida de la subdirectora Nedi Edith Nevárez González y dejó a varios maestros y alumnos lesionados.
Maribel Alvarado, madre de los jóvenes, relató que nunca percibió conductas que advirtieran sobre una tragedia de tal magnitud. Según su testimonio, los hermanos pasaban la mayor parte del tiempo encerrados en sus habitaciones —espacios comunicados por una puerta donde predominaba el aislamiento— sin mantener un círculo activo de amistades.
Aunque en las paredes y puertas del domicilio se encontraron dibujos y frases escritas a mano como "odio al mundo", la madre reconoció que dichos elementos forman parte de una investigación ministerial que determinará la autoridad. Asimismo, recordó que ambos dejaron inconclusa su educación secundaria y que en alguna ocasión mencionaron haber sufrido un trato segregado por parte de directivos del plantel.
Amenazas, temor y el dilema de una madre soltera
Las consecuencias del ataque no tardaron en alcanzar el ámbito personal de Maribel, quien labora por noches como camarera en un motel para sostener a su familia, la cual incluye a otros dos hijos menores de 11 y 10 años. Tras los hechos, la mujer comenzó a recibir advertencias y amenazas sobre posibles agresiones a su domicilio, lo que la obligó a abandonar temporalmente el inmueble junto con sus padres para refugiarse con familiares.
Ante los señalamientos de la comunidad, Maribel ha sido enfática en sostener su presencia durante el proceso legal que enfrentan los gemelos, destacando que ya cuentan con la asesoría de un abogado de oficio de cara a su audiencia inicial ante un juez de control.
Entre la justicia y el rol materno
Sin emitir juicios sobre la inocencia o culpabilidad de sus hijos, y reconociendo la gravedad de la tragedia que enlutó a la comunidad escolar, Maribel resume su postura en la responsabilidad inquebrantable de la maternidad:
"Yo no tuve nada que ver ahí, fue cosa de mis hijos. Pero si ellos hicieron eso o no, son mis hijos, yo voy a estar con ellos".
Mientras la Fiscalía General del Estado (FGE) continúa con las indagatorias —las cuales incluyen el análisis de materiales digitales y peritajes en el entorno de los imputados—, esta familia enfrenta una faceta distinta de la crisis, atrapada entre el repudio social, la protección de sus otros hijos y el acompañamiento procesal de los jóvenes detenidos.
Vulnerabilidad y abandono en el núcleo familiar
Detrás de la tragedia que cimbró a la comunidad escolar, el entorno íntimo de los gemelos investigados por el ataque en la Secundaria General Número 13 ha comenzado a revelar focos rojos que rodearon su crecimiento. De acuerdo con información recabada sobre su núcleo familiar, los dos hermanos de 18 años compartían el hogar con su madre —quien labora por turnos nocturnos—, otros dos hermanos menores de entre 10 y 11 años, su abuela y un tío que padece problemas de drogadicción, además de contar con la cercanía de otro tío viviendo en un predio contiguo.
Testimonios cercanos al entorno apuntaron a que los menores de edad y los propios gemelos padecían condiciones de abandono y soledad habituales en casa. En múltiples ocasiones, los menores carecían de alimentos suficientes y acudían a la institución educativa sin el uniforme requerido o con las prendas sucias, señales de alerta que no derivaron en una intervención oportuna del entorno protector.
Conductas aisladas y amenazas ignoradas
Vecinos y conocidos del núcleo familiar describieron a los jóvenes gemelos como personas sumamente aisladas. Era común observar a ambos sentados en la entrada de su domicilio, manteniendo la mirada fija al frente durante largos periodos y sin interactuar con su comunidad o establecer vínculos amistosos.





Comentarios