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El último acto de amor de la maestra Nery: Intentó salvar a “Los Cuates” antes de ser asesinada por ellos

Foto del escritor: MERCURIO
MERCURIO
hace 3 horas
2 min de lectura

A pocos años de su anhelada jubilación para viajar con su familia, la subdirectora Nery Edith intentó dialogar con los agresores recordando el pasado escolar que compartieron; su trágico final deja al descubierto la omisión familiar y el peligro al que se enfrentan los docentes.

La tragedia que enlutó a la Escuela Secundaria General Número 13 del Ejido La Unión, en Torreón, guarda una profunda y dolorosa capa humana detrás de los informes oficiales. La subdirectora Nery Edith Nevárez González, de 56 años y a quien cariñosamente llamaban "Miss Nery", conocía perfectamente a los dos agresores.


Años atrás, los hermanos gemelos conocidos como "Los Cuates" —quienes perpetraron el atentado tras anunciar sus intenciones en TikTok con la frase "Hoy es el último día para mucho y el primer día para mí"— fueron alumnos del plantel y frecuentaban la dirección debido a sus evidentes carencias emocionales y problemas familiares.


Lejos de ignorar los focos rojos, la docente había intentado tenderles puentes en el pasado. En la memoria digital de redes sociales quedaban constancias de su afecto y fe en ellos, como el mensaje en el que le escribía a uno de los hermanos: "Solo es cuestión que quieras porque de poder... tú todo lo puedes". Incluso, en repetidas ocasiones, la subdirectora advirtió personalmente a los padres de familia sobre la urgente necesidad de brindarles terapia y atención psicológica ante conductas indebidas recurrentes, peticiones que lamentablemente fueron ignoradas por el entorno familiar.

El desgarrador encuentro: Intentó frenarlos con ternura hasta el último instante

El fatídico día, tras la detonación de artefactos explosivos que alertaron a la comunidad escolar, la maestra Nery fue de las primeras en salir a los pasillos para contener la situación. Al reconocer a los jóvenes encapuchados que alguna vez protegió y aconsejó en su oficina, la educadora no pensó en su propia seguridad; priorizó la vida de los alumnos.


Testimonios de estudiantes revelan que la subdirectora intentó mantener la calma, les habló con ternura y les propuso dialogar en su oficina para evitar una masacre. "Vamos a platicar chicos... ustedes saben que esto no es lo que son", les suplicó. Sin embargo, en el intercambio, uno de los atacantes fue identificado al llamarlo por su apodo, detonando la agresión letal con arma blanca. Una mujer que en el pasado alzó la voz por ellos, que había manifestado públicamente el temor de ejercer la docencia ante la falta de empatía y respeto actual, terminó entregando su vida intentando rescatar la humanidad de quienes, consumidos por el resentimiento y tras haber salido recientemente de un anexo, terminaron arrebatándosela.


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