El "dilema del nido": Los herederos del rochismo rumbo a 2027
- Ramiro Cazarez

- 30 jun
- 2 min de lectura

El tablero político en Sinaloa ya comenzó a moverse con fuerza, y aunque las formas oficiales exijan hablar de la "Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación", en la realidad todos sabemos de qué se trata: la carrera por la candidatura de Morena a la gubernatura del estado para las elecciones de 2027. En este juego de alta estrategia, las cartas del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, parecen estar más que cantadas. El mandatario ha decidido apostar su capital político en dos perfiles de su más estricta confianza: Omar López Campos y Tere Guerra.
Tanto López Campos como Guerra comparten un factor común que va más allá de su lealtad ciega al tercer piso de palacio: ambos poseen trayectorias en el servicio público que, analizadas con lupa, resultan llamativamente vertiginosas y cortas, marcadas por el brincoteo constante de un puesto a otro en periodos muy breves.
Hablemos primero de Omar López Campos. Su hoja de vida en la administración pública es el claro ejemplo de un ascenso meteórico. Su andanza comenzó en el ISSSTE como jefe de departamento, escalando en 2015 a la jefatura de servicios hasta 2017. Para 2018, lo encontramos en el Congreso del Estado como jefe del Departamento de Compras durante toda esa legislatura. Sin embargo, su verdadero despegue llegó con el arranque del gobierno rochista en 2021, donde ocupó la Subsecretaría de Normatividad de manera fugaz, para luego brincar en 2022 como delegado de los Programas para el Bienestar en Sinaloa. Tras dejar esa posición el año pasado y asumir la Secretaría de Bienestar local por menos de doce meses, hoy Omar ya levanta la mano para gobernar el estado. Una carrera a contrarreloj donde la permanencia en los cargos ha sido el sacrificio para mantener la lealtad en movimiento.
En la otra acera del ring interno está Tere Guerra. Su paso por la burocracia estatal es igual de reciente, aunque respaldado por su perfil de estratega. Se estrenó formalmente en el gabinete rochista en noviembre de 2021 al frente de la recién creada Secretaría de las Mujeres, silla que dejó en agosto de 2024 para asumir una diputación local en septiembre de ese mismo año. En el Poder Legislativo su estancia fue un suspiro, el tiempo justo para liderar la Junta de Coordinación Política (Jucopo) antes de solicitar licencia para meterse de lleno al proceso interno de su partido.
El escenario está puesto. Rocha Moya ha decidido jugar el destino de su sucesión con un binomio de su núcleo más íntimo. Hombre y mujer; dos rostros que representan la continuidad pura del proyecto actual, pero cuyas aceleradas e itinerantes carreras políticas obligan a la ciudadanía a preguntarse si el mérito para gobernar Sinaloa se mide en la solidez de la experiencia institucional o, simplemente, en la cercanía del afecto gubernamental. El examen de las bases morenistas y de los sinaloenses apenas comienza.


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