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Sara dejó decenas de huérfanos; era maestra de preescolar y la asesinaron en Escuinapa

Foto del escritor: MERCURIO
MERCURIO
hace 1 hora
2 min de lectura

Apenas comenzaba la mañana cuando la rutina de una madre y educadora se transformó en tragedia; Sara fue interceptada a balazos en el corazón de Escuinapa, dejando un vacío imborrable en su aula y en su hogar.


Había comenzado como cualquier otro día: la carrera matutina contra el reloj, los preparativos escolares y el trayecto cotidiano para dejar a su hijo en el colegio. Para Sara Rosalina Tejeda, de 31 años, la vida transcurría entre la calidez de un salón de clases donde se desempeñaba con vocación como maestra de preescolar, dedicada por completo a enseñar y cuidar a los más pequeños. Sin embargo, ese camino de regreso a casa en la zona centro de Escuinapa se vio interrumpido abruptamente por la violencia.


Apenas momentos después de cumplir con su labor como madre, la docente fue brutalmente atacada a balazos cerca de su domicilio, específicamente en el cruce de las calles Francisco Pérez y Francisco I. Madero. Aunque los paramédicos de la Cruz Roja acudieron con la esperanza de auxiliarla, la gravedad de las heridas impidió salvarle la vida. La escena, custodiada por elementos de seguridad mientras peritos de la Fiscalía levantaban los indicios, quedó marcada por un silencio pesado, de esos que ningún acordonamiento logra contener.


Un aula en silencio y una ausencia que duele en el alma

Más allá de las cifras frías o de los registros oficiales que documentan la violencia en la región sur del estado, el verdadero rostro de esta tragedia se encuentra en la mirada de un niño que hoy tendrá que aprender a vivir sin el abrazo de su madre, así como en los pequeños alumnos que esperaban a su profesora en el salón de clases. Sara era hija, protectora, guía y una educadora comprometida; una mujer que salió al alba con la simple intención de cumplir con su jornada y a quien le arrebataron el derecho de volver a cruzar la puerta de su hogar.


Hoy, las bancas de su preescolar y los pasillos de su casa comparten el mismo vacío. Las autoridades continúan con las investigaciones para esclarecer los motivos de este cobarde ataque que enluta profundamente a una comunidad entera, mientras sus seres queridos lloran a la maestra que dedicó su vida a formar infancias, pero a quien la violencia le silenció la luz en un segundo.


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