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Hora y media cargando un cuerpo inerte: Rescatista libra batalla en mar abierto de Guasave

  • Foto del escritor: MERCURIO
    MERCURIO
  • hace 18 horas
  • 3 min de lectura

Tras nadar 500 metros contracorriente, un voluntario sostuvo una agonía de más de 90 minutos cargando a cuestas a un bañista sordo desvanecido en Las Glorias, una odisea extrema donde la Marina los dio por muertos.

Guasave, Sinaloa. — El mar no avisa cuando decide cobrar una vida, pero a veces encuentra un muro infranqueable en la voluntad humana. Lo ocurrido el pasado miércoles en la zona de La Ensenadita, en playa Las Glorias, no fue un rescate ordinario; fue una cruenta batalla contra las corrientes traicioneras y el ahogamiento, protagonizada por un hombre que desafió al abismo azul mientras la tragedia y la desvergüenza humana se confabularon en la orilla.


La orden de lanzarse al abismo y la lucha en mar abierto

Todo comenzó cuando las alertas de auxilio encendieron los protocolos en la costa guasavense. Al enterarse de la emergencia, Esteban Landey —un rescatista voluntario de 47 años, nativo del lugar y trabajador de un restaurante local— no lo pensó dos veces. Dejó su jornada laboral, aceleró su motocicleta hasta la orilla, se arrancó la ropa y se arrojó al agua fría y violenta sin equipo de protección, guiado únicamente por el imperativo de que una vida humana se estaba extinguiendo a medio kilómetro de la playa.


Las corrientes de las escolleras ya habían hecho de las suyas. El bañista, un hombre sordomudo, había sido arrastrado mar adentro, tragando agua y perdiendo por completo las fuerzas. Cuando Esteban logró alcanzarlo, la situación rozaba lo irreversible.

"Imagínate querer salvar a una persona y no saber cómo se siente o qué le pasa, y no poderte comunicar con él", relató el rescatista, describiendo la desesperación de atender una emergencia extrema cruzada por la barrera del lenguaje.

Flotando en medio de la nada, con el agua golpeándoles el rostro, Esteban le aplicó maniobras de primeros auxilios y compresiones físicas de emergencia en pleno mar abierto hasta que el bañista logró vomitar el líquido que amenazaba con ahogarlo por completo.


Una agonía de hora y media cargando un cuerpo muerto en vida

Lo que vino después fue una pesadilla titánica. Con el cuerpo del bañista totalmente desvanecido y sin posibilidad de bracear para ayudar, Esteban se lo echó a la espalda.


Comenzó entonces un suplicio de más de hora y media nadando a contracorriente, cargando todo el peso inerte de un hombre mientras el oleaje intentaba sepultarlos. Para evitar ser devorados por la resaca, aplicó instinto puro: nadó en paralelo, midiendo su ruta contra la posición de la puesta del sol.


La fuerza del mar los arrastró tanto que terminaron tocando tierra firme hasta la Isla del Macapule, a casi dos kilómetros de distancia del punto inicial de la tragedia. La desviación fue tan extrema que las lanchas de búsqueda de la Secretaría de Marina, que peinaban la zona entre las corrientes mortales, terminaron por darles los dos por muertos tras perderles el rastro por más de treinta minutos.


30 años desafiando a la muerte sin sueldo... y con robo incluido

Para Esteban, arriesgar el pellejo no es novedad. Con una trayectoria de más de 600 vidas salvadas en 35 años de labor altruista —comenzando desde los 12 años y redoblando esfuerzos tras la pandemia—, este héroe sin capa se enfrenta cotidianamente al peligro sin recibir un solo centavo del erario público.

"Soy voluntario de Protección Civil, pero nunca he recibido un sueldo de ninguna corporación. Hace poco me hicieron bullying porque al sacar a un joven me vieron la ropa rota; si estuviera en nómina, de pérdida un bóxer bueno sí hubiera traído", bromea con amargura.

Sin embargo, la bajeza humana tuvo un capítulo final tan cruel como indignante. Mientras Esteban jugaba su vida metro a metro contra el mar, miserables inescrupulosos aprovecharon la emergencia para saquear sus pertenencias, robándole una bocina que había dejado junto a su motocicleta en la orilla. La gloria de salvar una vida contrastó con la cruda realidad de un héroe olvidado por las instituciones y golpeado por la misma sociedad a la que sirve.

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