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Futbolista argentino huye de México por amenazas

Foto del escritor: MERCURIO
MERCURIO
23 jul
2 min de lectura

La inminente salida de Ángel Correa a River Plate desató un conflicto que mezcla disputas contractuales con Tigres UANL y un preocupante trasfondo de hostigamiento digital con tintes xenófobos alimentado por la rivalidad futbolística.

El inminente traspaso del delantero argentino Ángel Correa de Tigres de la UANL a River Plate —una operación pactada extraoficialmente en 15 millones de dólares más dos millones en variables— se ha convertido en un escándalo que trasciende las canchas, sacando a flote un preocupante clima de hostilidad y posibles expresiones de xenofobia en el fútbol mexicano.


Desde las oficinas del conjunto universitario el malestar por las formas de la negociación fue evidente. Fuentes cercanas a la institución señalaron que la directiva se mostró inconforme debido a que el acercamiento con el jugador se habría dado de forma paralela, infringiendo los reglamentos de la FIFA sobre contratos vigentes y abriendo un debate sobre la legalidad del proceso antes de concretar su salida al fútbol argentino.

Hostigamiento familiar y el auge de la xenofobia en redes

Sin embargo, el conflicto escaló de la directiva a las tribunas digitales de la peor manera. Los rumores de la partida encendieron los ánimos de un sector de la afición, transformando el descontento deportivo en ataques directos contra la nacionalidad del jugador y su familia.


Sabrina Di Marzo, esposa del atacante, denunció públicamente haber sido víctima de una ola de insultos de carácter xenófobo, acompañada de aterradoras amenazas de muerte dirigidas tanto a ella como a sus hijas menores de edad, lo que obligó a su entorno a cerrar y blindar sus cuentas ante la agresión insostenible.

Analistas deportivos y sociólogos apuntan a que este tipo de reacciones violentas no ocurren por casualidad. En los últimos tiempos, el ambiente en torno al deporte rey se ha visto contaminado por un recrudecimiento del odio nacionalista y cruces de descalificaciones entre aficionados mexicanos y argentinos —un fenómeno avivado de cara al Mundial 2026 y a una rivalidad de hinchadas cada vez más tóxica—. Dicha animadversión abonó directamente para que una transferencia de futbolistas escalara peligrosamente hacia expresiones de odio y persecución personal.


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