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El reto en la sombra: El rostro de las mujeres olvidadas en Sinaloa

  • Foto del escritor: Ramiro Cazarez
    Ramiro Cazarez
  • 30 jun
  • 2 min de lectura

El reciente relevo en la Secretaría de las Mujeres de Sinaloa marca un relevo generacional legítimo y prometedor. La llegada de Brenda Rocío García Félix a la titularidad de esta dependencia, por encomienda de la gobernadora Yeraldine Bonilla, no es obra de la casualidad, sino el resultado de una gestión previa al frente del ICATSIN que se caracterizó por el talento, el profesionalismo y la entrega de resultados tangibles.


En sus primeros mensajes públicos, la nueva secretaria ha trazado una ruta clara y sensata: fortalecer los canales de comunicación, sumar esfuerzos y tejer una coordinación estrecha con quienes operan el día a día en el territorio. Sus recientes mesas de trabajo con las titulares de las Instancias Municipales de las Mujeres confirman que entiende la política social desde la base. Sincronizar el paso entre los municipios y el Estado es, sin duda, la única vía para consolidar una red de apoyo robusta y eficaz para las sinaloenses.


Sin embargo, más allá de la agenda pública tradicional, de los talleres y las coordinaciones institucionales, el verdadero termómetro del éxito para esta nueva administración radicará en su capacidad de mirar hacia los rincones más oscuros e invisibilizados de nuestra sociedad: las mujeres recluidas en los penales del estado.


Es ahí, tras las rejas, donde la vulnerabilidad de género se potencia con el abandono institucional. El desafío mayúsculo para García Félix no estará solo en las plazas públicas, sino en las celdas donde habitan mujeres que, por diversas encrucijadas de la vida, enfrentan procesos judiciales eternos. El caso de Brenda Rochín, vecina del ejido Figueroa en el municipio de Guasave, es el vivo y doloroso retrato de esta realidad: lleva años privada de su libertad, acusada del homicidio de su suegra, sin que hasta el momento existan pruebas contundentes ni una sentencia que defina su situación jurídica.


Casos como el de ella se replican en la población femenil de las cárceles sinaloenses, donde la presunción de inocencia parece una utopía y el debido proceso un lujo inalcanzable. Son las olvidadas del sistema.


Brenda García Félix asume una secretaría vital con el viento a favor de su juventud y su probada capacidad de trabajo. Lograr que el Estado y los municipios caminen en una misma dirección es un excelente punto de partida; pero el verdadero acto de justicia social e histórica será extender esa mano y esa misma dirección hacia aquellas mujeres que, sin voz ni reflectores, siguen esperando que la justicia y la perspectiva de género crucen las puertas de un penal.

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