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Adulta mayor de 72 años acusa a sus hijas de quitarle su casa y tierras en el Carrizo

  • Foto del escritor: MERCURIO
    MERCURIO
  • hace 6 horas
  • 2 min de lectura

Doña Evangelina vive actualmente refugiada con vecinos tras perder su patrimonio de nueve hectáreas y media, un fraude cometido presuntamente con la complicidad del comisariado ejidal.

Un retiro marcado por la desolación y el despojo

A sus 72 años de edad, la señora Evangelina, cariñosamente llamada Doña Eva por los habitantes de la comunidad, enfrenta una de las etapas más difíciles de su vida al quedar completamente desprotegida y sin un lugar propio donde habitar. Madre de ocho hijos, hoy ve con dolor cómo el esfuerzo de toda su vida se desvaneció debido a las acciones de sus propias descendientes en el Poblado Siete, ubicado dentro del Valle del Carrizo, en el municipio de Ahome, Sinaloa.


Tras el fallecimiento de su esposo, Doña Eva heredó legalmente el patrimonio familiar que le garantizaba estabilidad en su vejez: un terreno ejidal de nueve hectáreas y media, además de la vivienda familiar. Sin embargo, este legado se convirtió en el blanco de un aparente abuso de confianza familiar.


Acusaciones directas de engaño y amenazas

De acuerdo con el testimonio de la afectada, el conflicto comenzó cuando su hija Mireya Velázquez Castro la despojó por la fuerza de sus derechos agrarios. Valiéndose de engaños, presuntas amenazas y la utilización de documentos apócrifos, logró arrebatarle las hectáreas que le pertenecían.


Paralelamente, otra de sus hijas, identificada como Karina Velázquez Castro, la habría despojado de su vivienda, dejándola sin ninguna pertenencia. Según la denuncia pública, estas acciones no habrían sido posibles sin la colusión institucional, señalando directamente al entonces comisariado ejidal de Alfonso G. Calderón —Poblado Siete—, Juan Alberto Portillo, como partícipe en los manejos que facilitaron el atraco legal de los bienes.


Clamor de justicia desde el refugio temporal

Ante la pérdida absoluta de su patrimonio y la ingratitud de sus hijas, Doña Eva sobrevive actualmente gracias a la solidaridad de los vecinos de la misma comunidad, quienes le brindan asilo temporal y un techo donde resguardarse.


Con profunda tristeza y lágrimas, la adulta mayor hace un llamado urgente a las autoridades competentes para que tomen cartas en el asunto, investiguen la falsificación de documentos y castiguen a los responsables de este despojo, exigiendo que se le haga justicia y se le devuelva lo que por ley le corresponde.


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